Es desconocida… y quizá una de las más profundas
Si te interesa el desarrollo y crecimiento personal, seguramente conoces las cinco heridas clásicas de la infancia: rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia. Puede que te hayas reconocido en una, en dos, y hayas trabajado en alguna terapia o leído por tu cuenta para sanarla.
Y aun así, aquí sigues. Con el mismo malestar de fondo que creías haber dejado atrás, una y otra vez.
Eso no significa que el modelo de las cinco heridas clásicas esté mal y no sea útil. Significa que le falta una pieza. Una pieza clave para muchas personas.
Llevas años viendo el mismo patrón y no encajaba del todo en ninguna de las cinco.
En los últimos tiempos, he acompañado a personas con cierto desarrollo interior. Que habían hecho un notable trabajo. Que sabían nombrar su herida de abandono, o de rechazo, o de traición… Personas responsables, capaces, exitosas incluso, de esas que «lo tienen todo controlado» a ojos de los demás.
Y sin embargo, una y otra vez, aparecía algo que ninguna de las cinco heridas clásicas terminaba de explicar del todo y esto es la sensación constante de estar viviendo una vida que no era la suya, como diseñada por otros, desde el exterior. Con una necesidad constante de aprobación antes de tomar cualquier decisión. La culpa automática al ponerse un límite. La sensación de estar viviendo, con mucho éxito la vida que otros esperaban de ellos pero no la suya propia.
Eso no es rechazo. No es exactamente abandono. No es traición, ni injusticia, ni humillación. Es otra cosa. Y con el tiempo dejé de verlo como una excepción para verlo como un patrón, tan presente, tan recurrente, que terminé especializándome y dándole la entidad y el nombre propio que descubrirás más adelante.
Por qué las cinco heridas clásicas no la explican
Las cinco heridas de Bourbeau describen, en esencia, algo que te pasó: te rechazaron, te abandonaron, te humillaron, te traicionaron, fuiste tratado injustamente. Son heridas relacionales y nacen de lo que otros hicieron o, incluso siendo más precisos, de lo que tú sentías e interprestaste a partir de lo que otras personas te pudieron hacer.
Pero hay otra pregunta, distinta, que ninguna de las cinco se hace directamente: ¿qué pasó con tu autonomía y autenticidad personal? ¿Dónde ha quedado lo que en el fondo eres como ser humano único y excepcional, a la vez igual y distinto a otros? ¿Qué aprendiste que podías hacer por ti mismo, y qué aprendiste que otros debían hacer por ti? ¿Qué partes de lo que sentías, opinabas o querías tuvieron espacio para expresarse y cuáles no?
Esa es una herida o patrón distinto y que puede llegar a anularte completamente en la vida, incluso, sentirte en determinados casos «muerto en vida». Y por eso puede, hay autores que la enmascaran entre las cinco clásicas o argumentan que deriva de ellas pero en muchos otros casos puede ser una herida propia, muy determinante y totalmente desconocida. Por eso, si solo trabajas las cinco, puede seguir intacta, incluso, después de años y años de trabajo interior y personal.
La herida de la que nadie te ha hablado antes
Yo la llamo la Herida RSS (Represión-Sobreprotección-Sobreadaptación). Y aunque tengo desarrollada mi propia tesis teórica ya escrita acerca de esta herida (ya esto trabajando en la posibilidad de plasmarla en un segundo libro) y el nombre suene un tanto técnico, lo que describe es muy simple de reconocer: Tu vida ha sido siempre tuya pero te enseñaron (y aprendiste) a olvidarlo. Y cuando hablo de tu vida, hablo de tu esencia, de tus valores, de hacer lo que realmente quieres hacer en la vida, de tus pasiones, de lo que te emociona… de encontrar la misión que encaja realmente con lo que has venido a hacer a este mundo por ti y por los demás. De escarbar como si fueses una especie de arqueólogo con su brocha y vayas quitando capas y capas de polvo de lo que no eres tú para descubrir realmente quién eres, qué quieres y… sobre todo, el PARA QUÉ de tu paso por el mundo. El problema aparece cuando la estrategia que fue útil para adaptarse al entorno infantil se convierte posteriormente en la forma habitual de relacionarse con la vida en la adolescencia y, más adelante, en la etapa adulta. Incluso hay personas que mantienen instalados estos patrones y herida toda su vida, renunciando a vivir su propia historia vital, sin sentirse culpables y acorde a sus valores esenciales como ser humano único, eliminando toda posibilidad de encontrar su propósito o el para qué de su venida al mundo.
Conviviendo con ella desde niño o niña, aprendiste, muy pronto, que ciertas partes de ti (tu rabia, tu opinión, tu deseo de hacer las cosas de forma honesta, de pensar-sentir-decir-hacer en un perfecto alineamiento interior) no tenían del todo espacio para salir (represión). Aprendiste, al mismo tiempo, que no hacía falta que desarrollaras del todo tu propia capacidad, porque siempre había alguien resolviendo por ti antes de que lo intentaras tú (sobreprotección). Y para mantener el cariño, la seguridad y el sitio que ocupabas, aprendiste a poner tu foco de validación en el exterior y a funcionar según lo que los demás necesitaban o esperaban de ti, cada vez de forma más automática (sobreadaptación).
Ninguna de las tres, por separado, parece grave. Sin embargo, juntas generan un funcionamiento en triada totalmente perversa y disfuncional, que hace que te encuentres en un ciclo o dinámica que se repite constantemente y, además, se retroalimenta indefinidamente. Hasta tal punto que llegas incluso al punto de la autorepresión, autosobreprotección y la autosobreadaptación. Algo que se parece mucho a una especie de síndrome de Estocolmo personal.
Llegados hasta aquí también quiero decirte que este artículo no es un diagnóstico clínico ni pretende ser una categoría oficial de la psicología. Es una explicación a un patrón que he observado en cientos de personas y que, apoyándome en mi propia historia y experiencia personal, y bajo una investigación real sobre autonomía y desarrollo psicológico. Pretende nombrar algo que, hasta ahora, se quedaba sin nombre y que por eso mismo era tan difícil de superar. Porque algo que no puedes nombrar, sencillamente, no existe para ti.
¿Por qué esta es, literalmente, mi especialidad a tu servicio?
No llegué a esto por casualidad. La viví en primera persona, durante años, antes de que la puediese reconocer, entender y trascender y tener el lenguaje para nombrarla. Desde entonces me he especializado en identificar, comprender, acompañar y ayudar a trascender a personas como tú que tienen exactamente este patrón. No es una herida más dentro de mi trabajo. Es el centro de todo lo que hago y del proyecto Horizontes por Volar: Recuperar los mandos de tu vida, sin culpa y en coherencia. Y te puedo asegurar con total honestidad que trascender esa herida, en mi caso, ha supuesto un antes y un después en mi vida y lo que me ha hecho verdaderamente despegar.
Si lo que has leído en este artículo ha tocado algo dentro de ti, te invito a realizar el Test específico con el que puedes descubrir en qué grado está afectando a tu vida esta desconocida herida de infancia. Haz mi test gratuito en nelsonbardon.com/regalo y averigua en qué grado esta herida te está afectando y condicionando tu vida.
