El verdadero valor que te traes de Ítaca: la diferencia entre objetivo y resultado.

23/10/2026

Hace un par de días presenté mi libro en mi pueblo. Fue una de esas tardes que sabes que va a acompañarte en tu vida para siempre. Caras conocidas de toda la vida, gente que me vio crecer, y yo hablando de rumbos, de vientos y de recuperar los mandos de la propia vida. Hoy, dos días después, un buen amigo me escribe por WhatsApp una pregunta interesantísima y creo necesaria compartir. Me dijo que llevaba tiempo dándole vueltas a la frustración de la gente, y también al falso éxito, y que todo eso le parecía fruto de una misma confusión, esto es, la de mezclar objetivo con resultado.

Me quedé pensando en ello, porque tenía razón. Y porque esa pregunta, honestamente, toca algo que mucha gente lleva dentro sin saber ponerle nombre.

Objetivo y resultado son cosas distintas, o pueden serlo. El objetivo es la dirección que eliges, es decir, hacia dónde quieres ir, qué quieres construir, qué clase de vida quieres tener. Es tuyo, nace de ti. El resultado es lo que ocurre cuando esa intención choca con el mundo, con sus circunstancias, con la gente, con el momento, con la suerte. Y ahí ya no mandas tú del todo.

El problema empieza cuando los fundimos en uno solo. Entonces la vida se convierte en una especie de examen donde solo cuenta la nota final y uno empieza a medir su valor, su ánimo y hasta su derecho a estar tranquilo por lo que consigue o deja de conseguir.

Esa confusión suele traer dos castigos y los dos duelen.

El primero es el falso éxito. Alguien llega adonde se suponía que debía llegar: el título, el puesto, la casa, la pareja, lo que en su entorno suena bien. Cumple, y cumple con nota. Y un día cualquiera, sentado en medio de lo que ha conseguido, siente un vacío que no sabe explicar. Se siente casi culpable por no estar feliz, como si no tuviera derecho. Pero no hay nada raro en esa sensación. Simplemente llegó a un destino que nunca eligió. Siguió un objetivo prestado y lo recorrió en piloto automático, y el resultado fue perfecto en todo salvo en lo único que importaba, es decir, que fuera suyo.

El segundo castigo es la frustración. Aquí el objetivo sí es propio, pero la persona decide que solo habrá valido la pena si todo sale exactamente como lo había imaginado. Cualquier desvío se convierte en sentencia. Un retraso es un fracaso, una puerta cerrada es una prueba de que no era lo bastante bueno, y el camino entero se juzga desde un único punto, el de si llegó o no llegó.

En mi libro hablo de tres palabras que, para quien vuela, son pan de cada día: rumbo, curso y derrota. El rumbo es la dirección en la que apuntas. El curso es el trayecto que trazas para llegar. Y la derrota es el camino que realmente acabas recorriendo, porque en el aire, como en la vida, hay vientos. Nadie vuela nunca en la línea recta que dibujó en el mapa. El viento te empuja, las turbulencias te mueven, el tiempo cambia, y al final lo que has recorrido rara vez coincide con lo que planificaste.

Ningún piloto se frustra por eso. Sabe que el viento existe y que forma parte del vuelo. Lo que hace es corregir una y otra vez sin perder de vista hacia dónde va. Algunas veces llegará antes, otras más tarde, otras por una ruta que no esperaba. Y a veces, por más que corrija, no llegará adonde quería y debe aterrizar en un aeropuerto alternativo (ayer casi me pasa volviendo a Madrid). Y aun así, quien ha volado ese trayecto no es la misma persona que despegó.

Esto no es nuevo. Los seres humanos llevamos milenios contándonos la misma historia, y por eso reaparece en tantas obras de la literatura y del cine. El héroe sale de casa con un objetivo claro. Quiere volver, quiere salvar algo, quiere encontrar algo. Y casi nunca sucede como lo había pensado. Los vientos lo desvían, el camino se alarga, pierde compañeros, se pierde a sí mismo y se reencuentra. Odiseo tardó diez años en volver a Ítaca, un viaje que sobre el mapa parecía mucho más corto.

Pero fíjate en lo que ocurre al final de esas historias. Cuando el héroe llega a su Ítaca, no trae lo que salió a buscar. Trae algo mejor trae y es todo lo que fue siendo mientras lo buscaba. Trae lo que aprendió, lo que descubrió que era capaz de soportar, lo que dejó de necesitar, las personas que encontró por el camino. Ese es el tesoro. Y lo más curioso es que el tesoro no depende de que el resultado salga como estaba previsto. El resultado puede llegar tarde, llegar distinto, o no llegar nunca. El tesoro del proceso, las enseñanzas y el aprendizaje, si lo vives despierto y consciente en el presente, es lo más grande que te puedes llevar. Y en el núcleo más profundo de esta joya se encuentra tu transformación, crecimiento y desarrollo como ser humano único y excepcional.

Por eso a mí me da tanta tranquilidad inclinar la nave hacia el lado del proceso en lugar del lado del resultado. No se trata de dejar de tener metas ni de renunciar a querer cosas; claro que que es fundamental tenerlas y está bien (muy bien, diría yo). Se trata de dónde pones el peso. Cuando todo el peso cae del lado del resultado, el barco escora, y cualquier ola te asusta y amenaza. Cuando una buena parte descansa en el proceso, el barco se sostiene aunque el viento sople de lado. Y además, tal como lo veo, siempre acabamos llevándonos muchos más tesoros de los que habíamos salido a buscar.

Quizá, si algo de lo que has leído te ha removido, haya llegado el momento de hacerte, con calma, una pregunta sencilla y a la vez incómoda: ¿este objetivo que estoy persiguiendo lo he elegido yo? Por ejemplo, el mantenerme en un trabajo aparentemente «bien considerado» desde fuera pero que te está quemando por dentro, ya que no compartes ninguno de tus valores con los de tu jefe o empresa. Porque si no es tuyo, ni el éxito más brillante te va a llenar, y si lo es, ningún resultado, ni el que llegue ni el que no, podrá quitarte lo que ya te estás llevando por el camino.

Si quieres empezar a responderla, he dejado un test gratuito en mi web que te ayuda a ver cuánto de tu rumbo es realmente tuyo. Puedes hacerlo aquí: HAZ EL TEST AQUÍ!

Si aún no has leído mi libro, lo puedes conseguir aquí: LO QUIERO!

Un abrazo y hasta pronto.

¿Eres la persona más "madura" de tu familia?
{"email":"Email address invalid","url":"Website address invalid","required":"Required field missing"}

Llévate gratis mi

Test de Autonomía y Autenticidad Personal en relación a la Herida de Represión-Sobreprotección

"¿La vida que vives es realmente tuya O diseñada por otros?"

A veces nos adaptamos tanto a lo que los demás esperan y/o diseñan para nosotros en la vida que perdemos de vista nuestra propia voz y nuestros verdaderos deseos vitales.

Este TEST te permitirá reconocer patrones que podrían estar limitando tu autonomía y bienestar y abrir la puerta a una vida más auténtica y plena.

TEST DE AUTONOMÍA Y AUTENTICIDAD PERSONAL

Quizá te interese este contenido...

>
Este sitio web utiliza cookies para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, aceptas el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.    Más información
Privacidad
Success message!
Warning message!
Error message!